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[ÚLTIMA HORA] Felipe no recoge el testigo del Rey y se proclama la III República

Por Gladys M.


El Rey19 de junio de 2014

De repente, cuando nadie esperaba que el sistema estatal español cambiara, el príncipe Felipe, supuestamente aconsejado por su esposa Letizia, decide no tomar el relevo de su padre en la Jefatura del Estado. Se trata de una situación singular y del todo inesperada que, quizá, tiene cierta similitud histórica con la abdicación de Amadeo I en 1873. Como aquel monarca de origen turinés, Felipe de Borbón no sólo no acepta heredar la corona española, sino que va a declarar el fin de la monarquía parlamentaria, impidiendo que se ejecute la línea sucesoria al trono.

Las razones de esta histórica decisión se encuentran en el clima de oposición pública al estamento monárquico y, según las palabras del propio (ex) Príncipe de Asturias, por la imposibilidad de reformar una institución que él mismo considera obsoleta en el siglo XXI. De todas formas, la hasta ahora familia real se guarda el privilegio de conservar la mayoría de sus posesiones actuales (salvo las consideradas como bienes de interés cultural), una renta todavía por determinar que irá disminuyendo según pasen los años y el nombramiento de los principales miembros como diplomáticos y representantes internacionales del Estado español.

Lo que más intriga de esta decisión a los expertos es que, al contrario de lo que el análisis histórico muestra, los movimientos opositores a la monarquía simplemente pedían un referendum para determinar la continuidad o no de la institución en lugar de exigir su abolición o sacar las guillotinas a las plazas como medida de intimidación. Exigir al sistema que utilice herramientas de empoderamiento popular (referendum, consulta…) para deslegitimar el propio sistema instaurado parecía totalmente absurdo; sin embargo algo ha debido cambiar en la mentalidad de la Casa Real para que los acontecimientos se hayan precipitado de tal forma.

Símbolos

Las primeras decisiones del Ejecutivo van encaminadas a dejar bien atada la simbología de la nueva República, para que no se produzca demasiado debate. La bandera seguirá portando las mismas franjas rojigualdas, pero incluirá un cambio en el escudo, de esta forma se pretende satisfacer tanto a partidarios de la bandera borbónica y como a los de la segunda república (tricolor: roja, amarilla y morada). Por tanto, la bandera de la tercera república española será muy similar a la de la primera república, con distinto escudo. Al parecer, la cuestión de fondo del mantenimiento de las franjas rojas y gualda es la imagen internacional del país, que se vería poco alterada (por un mínimo cambio) y que no supondría realizar nuevos esfuerzos de identificación y promoción del nuevo estandarte.

Por otra parte, esta doble abdicación de Juan Carlos y su hijo no va a suponer más cambio en la constitución que la alteración de la susodicha bandera y el nombramiento de un Presidente de la República, y Jefe de Estado, que recaerá en la figura del Presidente de Gobierno, elegido en las elecciones generales. De este modo, Mariano Rajoy pasa a representar la máxima figura del Estado español.

El hecho de que la monarquía parlamentaria se transforme en república, sin nueva elección de Presidente, ha chocado con las expectativas de los sectores tradicionalmente prorrepublicanos, que solicitaban tanto un cambio de sistema como una renovación de sus valores. Por tanto, nada de fortalecimiento de la sociedad civil (más allá de pasar de ser súbditos a ciudadanos) ni de liberté, egalité et fraternité.

Por su parte, la familia real, gracias a la aprobación del decreto-ley por el Parlamento, va a mantener una serie de privilegios, que se resumen en la siguiente lista:

  • Conservan sus títulos nobiliarios.
  • Mantienen una pensión estatal similar a la recibida anualmente hasta ahora, que se irá reduciendo paulatinamente un 5% cada año, a revisar cada lustro.
  • Van a seguir representando internacionalmente al país en calidad de diplomáticos y embajadores.
  • Su actual patrimonio quedará reducido, pero mantendrán su residencia en la Zarzuela y sus cuentas personales no se verán afectadas por la abdicación.
  • Se le otorga el fuero total al Rey para causas civiles y penales, como estaba previsto antes de la abdicación de Felipe.
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20 de junio de 2015

Ésta es la noticia que pudiste haber leído ayer en lugar de observar el paseo circense-patriótico del nuevo soberano por las calles de Madrid. Por cierto, daba bastante grima comprobar cómo la ciudad permanecía prácticamente vacía de personas que no fueran militares, policías o políticos… ¿a nadie le recuerda esta estampa a un golpe de Estado? En realidad sucedió algo similar.

Después de este pequeño ejercicio de imaginación, podemos suponer lo que vendría después de esta hipotética proclamación republicana: más paro, más concesiones a la burguesía, más represión, más impuestos… porque en realidad nada cambia. Es el sino del reformismo: dar supuestos pasos adelante, calmando la legítima protesta del pueblo (si no destruyéndola, como prácticamente pasó hace unas décadas con la Transición) para seguir manteniendo el statu quo.

Con todo esto queremos demostrar que, aunque nos consideremos antimonárquicos, hay que ir más allá en las protestas. Quizá “demostrar” no sea el verbo más adecuado, pues no nos creemos en posesión de la única verdad universal; sin embargo, sí pensamos que los esfuerzos político-sociales de miles o millones de personas de este Estado van encaminados única y exclusivamente a la consecución de la República. Todo este esfuerzo, que no dudamos sea legítimo, corre el peligro de desvanecerse como el azúcar en el café si se proclamara un sistema institucional no monárquico: una vez colmadas sus ansias republicanas… ¿qué? El fetichismo de la simbología de la república es tan peligroso por estar vacío de contenido.

Debemos dar un paso adelante en la emancipación de las personas: si se pide un referéndum para preguntar a si queremos monarquía o no, se está dando un paso para eliminar el delegacionismo y el asistencialismo claves de la democracia contemporánea. Nosotros creemos que toda persona debe poder decidir sobre aquello que le atañe, sea la monarquía, sea la educación o sea el arreglo del pavimento de las calles de nuestro barrio. Queremos dejar atrás las papeletas de las elecciones, que en realidad se convierten en contratos en blanco firmados, en dar legitimidad a personas que no conoces para que decidan por ti sobre tu vida.

Mientras conceptos tan sencillos como estos no vayan calando, no se estará avanzando en ninguna dirección que nos lleve a ser libres.

No obstante, ya es hora de echar de nuestras vidas a esa familia de vividores, corruptos, estafadores, autoritarios, maleducados y tan bien preparados para abusar de manera inviolable de quien quieran y de lo que quieran. La monarquía es un residuo medieval y un insulto intelectual a cualquier persona por el hecho de suponerse superiores, con sus privilegios, sus fueros y sus impunidad judicial. Si llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones, desde luego no caben reyes, dictadores, dirigentes, líderes de inspiración divina ni seres superiores que manejen nuestra existencia a su antojo.

Ni Rey ni Dios ni amo.

Acerca de GLAD

GLAD, Grupo Libertario Acción Directa, es un grupo de afinidad y de estudios sociales libertarios. Creemos que toda práctica debe estar conectada con una reflexión propia de la acción, que permita a ésta ir más allá de sí misma, y eso es lo que tratamos de hacer en nuestra actividad como grupo. Defendemos un anarquismo contextual, práctico e inserto en lo social.